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CALAHORRA. Irene Villa dio una charla en Calahorra en el día de la mujer

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CALAHORRA. Irene Villa dio una charla en Calahorra en el día de la mujer.

Artículo Hna. María del Carmen Aceituno Algaba.
“Saber que se puede” es el título de un libro de una joven llamada Irene Villa. Como es de suponer ese nombre no
os dice nada. Aquí en España la conocemos muy bien. Os la voy a presentar. Irene es una joven madrileña de 28 años, con altura moral y humana suficiente como para dejarnos pequeñito. Guapa, sus ojos rebosan vida y optimismo, su voz es armoniosa, agradable, una sonrisa encantadora y permanente, respira frescura, sus labios cantan a la vida, es amable, simpática y lo más importante tiene “la cara pintada color esperanza”, como dice la canción de Diego Torres.
Hasta aquí todo normal. Pero no se puede decir que la vida de Irene haya sido normal. Han pasado quince años desde que Irene Villa sufrió un atentado de ETA. Las imágenes de ella y de su madre malheridas en el suelo por una bomba lapa abrieron los informativos de televisión en todo el mundo. Nos conmovieron a todos los españoles, perdón, no a todos, el corazón de los que lo hicieron y quienes les apoyaron, quedó frío y sin sentimiento y desde entonces para desgracia de ellos así sigue.
Tenía 12 años. Hace 15 años ETA la dejó sin piernas y sin algunos dedos de una mano, en el mismo atentado en el que su madre perdió una pierna y el brazo derecho. Pero hoy puedo asegurar que eso es lo menos importante en su vida, a pesar de todo el sufrimiento y dolor humano que esto ha supuesto.
Ahora, esta joven de 28 años, licenciada en Comunicación Audiovisual, Psicología y Humanidades, experta en deportes de riesgo, nos cuenta su experiencia como víctima del terrorismo. La invitamos a dar una conferencia en casa para las chicas de la residencia y algunos padres de los niños del colegio. Recibimos una lección magistral de coraje, sensibilidad y amor a la vida.
Al escuchar su testimonio de vida las cosas parecen diferentes. Lo que para muchos en su momento pensamos que era algo terrible, una desgracia imposible de superar, para ella ha sido una gracia, un torrente de bendiciones. Lo que para muchos es rencor, odio deseos de venganza ella lo ha convertido en amor y esperanza. Es una mujer libre que aún cree en el amor y confía en el ser humano. Ha sabido sacar vida de un acto de muerte. Los terroristas que ese día pretendía cercenar cruel y cobardemente la vida no cumplieron su objetivo, con su acto lograron impulsar más vida, una vida preciosa sin lugar a dudas, que hoy nos recuerda que se sí se puede, con lo que sea.
Decidió embarcarse en una nueva vida junto con su madre, no perdieron el tiempo en reconres, odios, deseos de venganza, sabían que no había respuesta posible. Se llevaron parte de sus cuerpos, pero sus espíritus recibieron un impulso que les llevó no tirar la toalla. No se rindieron. No se imagina ni se plantea como hubiera sido su vida sin el atentado. Con su 1,70 de estatura y sus doce años, según ella volvió a nacer, en su nuevo nacimiento no tenía piernas, como otra mucha gente que nace así, tenía que volver a comenzar. Esto lo pudo hacer gracias a la ayuda de su madre, que le dijo a bocajarro que tenía dos posturas: lamentarse eternamente y ser una mujer amargada el resto de su vida, o considerar que había nacido así, sin piernas. El pasado no existía. Ella era así y tenía que conseguir ser feliz con su nuevo cuerpo. Lo consiguió, Irene es una joven feliz y su madre también. Pusieron esperanza donde, aparentemente, no había razones para tenerla. Y no consintieron, como dice Irene en este libro "que unos fanáticos, además de robarme las piernas, me quitaran la alegría".
Con una naturalidad increíble dice que “los daños sólo fueron físicos, lo psicológico, que es lo importante, me lo dejaron intacto”, “Una chica normal y corriente” “que sufriéramos amputaciones y graves daños físicos, pero no perdimos lo más valioso; la vida”. Y desde entonces así continúa, con ilusión, con ganas de hacer cosas, con espíritu de lucha, porque una de las cosas que tiene Irene es mucha voluntad.
La pregunta es, ¿cómo se puede tomar la vida con tanto optimismo y dejar a un lado el rencor, que humamente puede aflorar en casos como este?. Responde: “si te paras a pensar en lo que tenías, a lamentarte por lo que te han hecho, a buscar culpables y a odiar, es imposible superarlo” (…) “Para mí la clave fue pensar que tenía toda una vida por delante y que quería ser feliz”. El odio, asegura, “sólo perjudica a quien lo siente, a quienes odias no les duele, en ocasiones, incluso les engrandece”. “Perdono para vivir”, afirma.
En el momento en que se da cuenta que la gente se deprime, “de que muchas personas no consiguen superar los baches y por eso pensé en escribir algo con lo que trasmitir ilusión, un libro cargado de esa motivación y alegría que a mí me ha permitido salir adelante”. “Intento decirle a todo el mundo que si se quiere y se tiene voluntad, se puede: se puede superar un atentado, un trauma, una discapacidad, un problema amoroso…”.
Después de todo, parece tener alguna clave para superar barreras, ¿cuál es?. “Todos somos capaces de transformar una vida de tristezas en una de esperanza y alegría. Lo fundamental es Saber que se puede, como reza el título de mi libro. A muchos les cuesta, no lo pongo en duda, pero otros no lo intentan. Creen estar condenados a sufrir. El problema radica en la falta de confianza y eso, como todo, se aprende”.
Aprendió con pensamientos positivos ser dueña de sus emociones hasta el punto de transformar este terrible suceso en una magnifica oportunidad para desarrollar nuevas habilidades, infinidad de recursos. Así lo expresa ella, “El proceso nace de reconsiderar que puedes vivir con esto y que lo vas a intentar. Si lo intentas, te juro que lo consigues. Claro, que ayuda quererse a uno mismo. En aquel momento yo tenía 12 años y no deseaba malgastar mi vida llorando por haber perdido las piernas. Quería estudiar, conocer mundo, bucear, esquiar, hacer parapente... Estaba comenzando a vivir”.
No podemos perder de vista el camino recorrido hasta aquí. Lo doloroso y complicado que fue todo, heridas, prótesis, primeros pasos con muletas.
Camino difícil que no ha terminado, acaban de operarla en Suecia para una oseointegración, se trata de un implante de titanio en el fémur, una nueva pierna artificial injertada en su propio hueso. La recuperación difícil, ha tenido que aprender a andar de nuevo.
El título del libro está inspirado en el canto de Diego Torres, “color esperanza”. “Saber que se puede, querer que se pueda”… podemos decir que Irene lo hizo vida. Se quitó los miedos, que debieron ser muchos, los sacó de su vida, se pintó la cara color esperanza, y se lanzó al futuro, dejando el pasado para otros. Se embarcó en la vida y nunca dejó de intentarlo, aunque tenemos la certeza que no fue fácil empezar de nuevo a los 12 años. Su vida nos dice que lo imposible se puede lograr, desalojó la tristeza y cambió su vida sintiendo como su alma volaba enseñando a otros también a volar.
Nunca hubiera pensado que se puede sentir “envidia” de alguien que no tiene dos piernas, que le faltan algunos dedos de la mano… después de conocerla, y oir de sus labios sus experiencias, sus sentimientos, no puedo dejar de admirarla. Cuando yo realmente me ahogo en vaso de agua y muchas veces por motivos insignificantes no veo la vida color esperanza… yo lo confieso “me gustaría ser Irene Villa”.
09
Mar
2010
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